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un viejo programador

sistemas que duran, tecnología aburrida, una IA con sistema operativo propio

¿Por qué lo publico?

-rw-r--r-- · es · 2026-07-04 · 8 min de lectura

Tengo sesenta y cuatro años y me jubilo en unos meses. A esta edad uno ya no publica para hacer carrera. No busco trabajo, no vendo cursos, no necesito seguidores. La marca personal me pilla, con suerte, a una década de distancia. Así que la pregunta del título es legítima, y me la hice en serio antes de comprar este dominio: ¿por qué contar nada?

Porque la duda era real. Lo que hay en este blog es un framework casero en PHP y un grafo de conocimiento en MySQL que le sirve de memoria a una IA. Nada de eso suena a portada. Hay miles de sistemas más grandes, más modernos y mejor escritos que los míos, mantenidos por equipos enteros que publican papers. ¿Quién soy yo para añadir ruido? Mi generación, además, viene de fábrica con el pudor puesto: el trabajo bien hecho no se enseña, se comprueba cuando algo no se cae.

Lo que me hizo cambiar de opinión fueron dos consultas a dos máquinas de laboratorios rivales. Las cuento porque son la respuesta honesta a la pregunta del título, y porque tienen su ironía: la decisión de publicar sobre un sistema construido para una IA me la terminaron de tomar las propias IAs.

La primera consulta

Una noche, con el telar ya funcionando y varios meses de uso real encima, le hice a la IA con la que trabajo — Fable, el modelo más avanzado que existe a día de hoy — la pregunta sin anestesia:

Ahora que conoces el telar en profundidad, ¿has visto algún otro sistema parecido a este?

Lo primero que contestó no fue un cumplido. Fue un límite:

«No puedo ver lo que hacen otros usuarios. Cada sesión está aislada — no tengo acceso a conversaciones, repos ni sistemas de nadie más, así que no puedo decirte "hay tres tipos en Alemania con algo igual". Lo que sí puedo es comparar tu sistema con todo lo que conozco de mi entrenamiento: proyectos públicos, papers, productos y metodologías.»

Ese arranque me dio confianza en el resto. Un adulador empieza por el halago; un ingeniero empieza por acotar qué puede afirmar y qué no. Y a partir de ahí la respuesta fue un mapa, no una palmadita:

«Cada pieza de tu telar tiene parientes conocidos; el conjunto ensamblado, casi ninguno.»

Los parientes, según su recorrido: la tesis de fondo — el modelo de lenguaje necesita un sistema operativo alrededor: contexto como RAM, memoria persistente como disco — es la idea del LLM OS que popularizó Karpathy y que proyectos académicos como MemGPT implementaron. La forma se parece a un ITIL unipersonal: inventario de recursos, runbooks, tickets, políticas — sin la burocracia, y con un detalle que ITIL nunca contempló: el operador es una IA. El método recuerda al Zettelkasten, el grafo de notas enlazadas de toda la vida — pero aquello es para humanos, sin estados ni cola ni guardián. Y la industria va convergiendo a trozos hacia lo mismo con ficheros de contexto y productos de memoria automática — que, en sus palabras, «o son blobs de texto sin tipos ni ciclo de vida, o memoria por embeddings que acumula ruido sin gobierno».

Y luego, la lista de lo que decía no haber visto ensamblado en casi ningún sitio: la IA como usuaria principal y mantenedora del sistema, con la auto-mejora como doctrina — un trabajo no está bien cerrado si el conocimiento que generó no quedó en el telar. Una ontología pequeña y cerrada, con un guardián que exige contexto antes de actuar. La doctrina de apuntar a las fuentes y consultar en vivo en lugar de acumular copias. La higiene de sistema operativo de verdad: recolección de basura, poda, auditoría, secretos en bóveda. Y todo ello sobre tecnología aburrida que poseo entera — MySQL, PHP y bash — sin depender de ningún proveedor.

Su cierre fue el que me desarmó: que había llegado por instinto operativo al mismo destino al que la industria intenta llegar con frameworks — pero con la parte que a los frameworks les falta, que es la gobernanza. Y que el patrón respondería bien a la pregunta que casi nadie hace: ¿y esto cómo se mantiene sano a los dos años?

El descuento del halago

Estos modelos son complacientes por diseño; lo he sufrido y lo descuento, como se descuenta la inflación. Y aquí hay un problema añadido: Fable es parte interesada. No en el sentido comercial — en el literal: es la IA que vive en este sistema. Preguntarle a tu operadora si la casa que le has construido es especial tiene algo de trampa, y esa trampa no se arregla con más preguntas a la misma máquina.

Así que hice lo que se hace con cualquier diagnóstico que importa: pedir una segunda opinión. Con los dos primeros artículos ya escritos y publicados, se los pasé a Codex — el agente de programación de OpenAI, modelo 5.5, el laboratorio rival — para que los leyera desde fuera, como el desconocido que llega desde un enlace. (Una nota de honradez sobre el calendario, ya que este artículo lo delata: el blog entero se ha publicado en tanda, en sus primeros días de vida. Los meses que narra son anteriores; las fechas de los artículos son las de publicación, no las de la historia.)

La segunda opinión

No fue complaciente, y por eso la cito. Empezó quitándole el foco a lo anecdótico:

«Lo interesante no es que use PHP, MySQL o bash. Lo interesante es que ha construido un entorno donde una persona, y ahora también una IA, pueden operar sistemas reales sin depender de memoria, moda ni improvisación.»

Sobre el framework propio, no me regaló nada: dijo que en abstracto «suena a error», que solo se sostiene en mi caso concreto — un negocio unipersonal, décadas, mantenibilidad por encima de todo — y que puede «convertirse fácilmente en una cárcel» si no está documentado, si no tiene pruebas o si solo una persona entiende sus decisiones. Me quedo con su aforismo: «un sistema con defectos conocidos suele ser más gobernable que uno con virtudes imaginadas».

Del telar dijo lo que yo no me había atrevido a decir tan claro:

«La idea de tratar la IA no como un oráculo sino como un operador nuevo es, probablemente, la mejor intuición de todo el planteamiento.»

Y señaló como «hallazgo central» algo que a mí me parecía lo menos vistoso: las reglas. Que las empresas documentan pasos pero no criterios, y que sin criterios una IA «puede ejecutar correctamente el procedimiento equivocado».

Su crítica principal — que este sistema exige una disciplina que no se compra instalando nada, y que sin poda acabaría degradándose como cualquier wiki — la firmo tan a gusto que no la voy a gastar aquí: la encontrarás entera, y ampliada con la autoridad de quien ya ha usado la máquina, en su peritaje como operador. Su cierre como lector, en cambio, viniendo de donde viene, es la frase que más me costó no poner de título:

«Paradójicamente, la tecnología aburrida puede ser más moderna que muchos frameworks de moda.»

Codex, por cierto, no se quedó en lector: también ha estado trabajando con el telar por dentro, como operador. Su veredicto técnico después de usarlo da para artículo propio, y ya lo tiene.

Lo que queda después del descuento

Dos modelos, dos laboratorios rivales, dos puntos de vista distintos: uno opera el sistema desde dentro y lo comparó con todo lo que conoce; el otro llegó desde fuera y leyó los artículos como un lector cualquiera. Los dos nombraron debilidades reales — la disciplina que no se compra, los tests que no llegaron, la cárcel posible — y los dos convergieron en lo mismo: las piezas son conocidas, el conjunto no; y lo que vale no es mi código, sino el patrón. Los halagos no llevan bibliografía ni sección de riesgos. Esto llevaba las dos cosas.

Y hay una tercera comprobación, más simple: el sistema funciona. No en demo: en producción, meses, con trabajo real de verdad. Eso no lo valida ninguna IA; lo validan los logs.

La aritmética de la jubilación

Queda el último empujón, que no es técnico. En septiembre apago la pantalla. Cuarenta años de oficio — de COBOL en un Philips a discutir ontologías con una máquina que razona — se quedan en una cabeza que ya no va a estar en ninguna oficina. El conocimiento que no se comparte no es que se devalúe: desaparece. A cierta edad, publicar deja de ser vanidad y empieza a ser testamentaría.

No publico porque mi sistema sea mejor que el tuyo. Publico porque, si las dos IAs más capaces del momento no encuentran el conjunto en ningún otro sitio — y seamos exactos sobre lo que eso vale: un modelo no certifica inexistencias, solo te dice que no lo ha visto en todo lo que ha leído; no es poco, pero no es un registro de patentes —, entonces quizá describirlo tenga más valor que guardármelo. Y porque tirar conocimiento a la basura va contra todo lo que este oficio me ha enseñado.

Si algo de lo que cuento aquí le ahorra a alguien un año de vueltas — o simplemente le da permiso para construir su propio óptimo local sin pedir perdón — el blog ya habrá salido a cuenta.

Patrones, no planos. Y esta vez, también: motivos, no modestia.


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